La Relación “Downton Abbey”

Downton Abbey

Relaciones sin encuentros físicos, parapetadas en la distancia de la correspondencia

ELLA se ha liberado de su beta no hace mucho… llevaba tantos años a su lado que ya ni recuerda cómo se sale al mundo sin pareja ni sabe cómo está el tablero de juego ahora mismo. Así que a veces me pregunta cosas que probablemente otras personas damos por sentadas.

El otro día hablábamos de un clásico, porque hay cosas que no cambian desde el principio de los tiempos. Por ejemplo, ese hombre que sabe escucharte tan requetebién que te lo comerías. Y vas y “te lo comes”. Y de repente deja de saber escuchar. Es un clásico.

Bien, pues mi ELLA se encontró con uno de estos el otro día… el caso es que es un poco raro. Debe de ser un chico que se siente muy solo, porque sí, bueno, ha habido encuentro físico y después del encuentro físico, él mostró cierto desinterés. Pero ahora lo que muestra es un interés desaforado en mantener conversaciones por WhatsApp, en las que se muestra encantador, agradable, simpático, encantado de dedicarle su tiempo a ELLA… Pero en ningún momento se le ocurre mencionar la idea de verse, de pasar las mismas horas que dedican a desgastar los dedos en el móvil a desgastarlos palpando la piel del otro… o ni siquiera: simplemente hablando en un cara a cara, ante unas cervezas, unos refrescos o unos tés, compartiendo un rato agradable entre risas…

Podríamos sospechar ciertas cosas relacionadas con ELLA o con él… mil opciones pueden abrirse. Pero, ya que no leemos mentes, no nos arriesgaremos a extraer conclusiones equivocadas para después actuar también desde el error.

Si él no sabe lo que quiere, incluso después de haberle dejado claro que su actitud es extraña y no acaba de convencernos, lo mejor seguramente sería dejarlo ir hasta que tenga algo más comprensible que ofrecer, aunque esto suponga que sea un adiós eterno y definitivo. He aquí la libertad de opinión y reacción.

Lo que nos importa hoy en este especimen es el nombre que ELLA le ha dado a este tipo de relación basada en la comunicación a distancia, que nunca se convierte en real: se trata de una relación “Downton Abbey”.

Como en el pasado, la única comunicación posible iba por carta: el parapeto de la distancia daba cierta seguridad a algunos de aquellos conquistadores… La misma que ahora su ÉL encuentra en WhatsApp, que al fin es un engaño más: mantiene la atención y se vende como hombre ideal para después no llegar nunca a nada. Como el agricultor o el coleccionista de muescas, el tipo Downton Abbey se da por satisfecho con cada respuesta de ELLA que le demuestra el más absoluto interés y entrega. Él se sabe deseado y con eso le basta.

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