Ladrones de Tiempo

Fue en 2011. Escribí todo esto en esta misma época, al inicio de la primavera de aquel año que terminaría siendo definitivo, el del cambio. Poco después, estrenaba este blog… y durante el verano de 2013, la persistente idea de que Momo de Michael Ende debió de haber marcado en más bien mucho que poco la historia de mi vida, quise releerlo. Y lo releí. Y me asusté de lo mucho que había recordado siempre, no cada párrafo, sino cada idea. Porque marcaban una de mis filosofías de vida: soy consciente de que el segundo que se escapa no vuelve más. Y no lo veo desde la angustia de que los pierdo, sino desde la satisfacción de que haré con cada uno de ellos lo que yo quiera, los invertiré en lo que yo decida y para eso, lo mejor es tener claro quién pretende robármelos.

En 2011 escribí lo que sigue:

Quiero denunciar a esos pequeños duendes que viven agazapados entre las agujas del reloj… Son los personajes de nuestras vidas cotidianas que, directa o indirectamente, nos están robando muchas horas de nuestras vidas.

Cuando era pequeña no acababa de creerme yo del todo esa frase de que “el tiempo es oro”, pero con el paso de los años, el aumento de responsabilidades y la visión global de la administración de la economía doméstica, sé que vale mucho más que eso.

Hay que analizar muy bien en qué empeñamos cada minuto porque de una buena inversión de ese tiempo puede depender una buena mejoría para el futuro… y sin ponernos tan trascendentales, basta comprobar que, si tienes más tiempo, por ejemplo, para hacer la compra, podrás comparar precios y calidades y así elegir mejor, mientras que si vas con prisas, fuera de horas… seguramente tendrás que acabar comprando en un 24 horas, con su impuesto revolucionario por tarificación nocturna, poco producto y sin opciones.

Lo peor de todo es que son ladrones que no se quedan con nuestro tiempo para disfrutarlo a merced, ¡qué va! Sólo hacen que lo perdamos… y ahí se quedan nuestros segundos vacíos (tic-tac…) flotando en el limbo del tiempo perdido… ¡pobres segunditos huérfanos!

Me parece muy importante tener claro de quiénes se trata, quiénes son esos ladrones, para poder mirarles de frente, cuando tenemos la oportunidad, y decirles: “Disculpa, pero ahora mismo no tengo tiempo para ti”… o aún mejor, en algunos casos creo que sería plausible incluso una petición de compensación económica.

Hablo, por ejemplo, del programador de semáforos de mi ciudad, que ha programado a la contra todos y cada uno de los semáforos que yo utilizo cada mañana al ir a trabajar… No, no es que yo no me fije y realmente tengan que estar en rojo para dejar pasar a alguien, ¡no! Es que se han quedado con una programación de antes de ciertas obras y cambios de sentido y a nadie se le ha ocurrido pararse a revisar que ahora hay otras necesidades. Gracias a este señor pierdo cada mañana unos 3 minutos en la bajada al trabajo, más otro tanto aproximadamente en la subida… si lo multiplicamos por cinco días que bajo y subo, hablamos de media hora semanal (por lo menos) en mi caso, que hago jornada continua; si tuviera que bajar y subir dos veces, el robo ascendería a una hora semanal, que yo podría invertir tranquilamente en ir al gimnasio, salir a pasear o hacer cualquier tipo de milonga de ésas que me ayudan a engañarme y así creer que me estoy manteniendo en forma.

¿Quieres otro ejemplo? No hay nada mejor para perder minutos de tu tiempo que estar concentrada en cualquier cosa y que suene el teléfono… contestas… tardan en decirte quién rayos es y cuando consiguen hablar ¡es una maldita grabación de cualquier compañía que quiere venderte algo! ¿Lo ves? ¡Ellos ya ni invierten su tiempo en acosarte! ¡Utilizan máquinas para eso! Dime que no es denunciable! Entretanto, tú ya perdiste el hilo de dónde estabas, te has cabreado y hasta que vuelves al punto en que te encontrabas (todo esto, si lo consigues) habrá pasado un buen rato.

Otro grupo de ladronzuelos de guante blanco: los programadores de las teles privadas, que van de listos y en una de éstas hacemos huelga del último minuto. Que a mí me encanta ver anuncios y a veces los prefiero a toda la programación bodrio que hay para elegir en los más de 40 canales con que cuentan nuestras teles sin pago adicional. Vamos a ver, señores, si el programa/serie/película/reality/#bodrioDeTurno está a punto de terminar, simplemente denlo por zanjado, despídanlo y pasen a otra cosa, mariposa. Porque sí, la gente se queda a ver la publi (quiero pensar que esto ocurre; si no, nadie conocería los anuncios y tampoco se invertiría en publicidad en televisión), pero el cabreo que te agarras cuando descubres que te han tenido alguna vez más de 15 minutos sentada, para ver cómo te dicen: “Pues esto ha sido todo! Muchas gracias y ¡hasta la próxima semana!” Ese cabreo puede llegar a ser tan monumental que te acuerdes de cada uno de los 45 anuncios que pueden llegar a caber en esos 15 minutos, sólo con la finalidad de dejar de consumir todos esos productos y/o servicios.

No podemos dejar de lado a los colegas impuntuales, esos que todos conocemos que, cuando el grupo ha quedado a las dos, les decimos que hay que estar a la una y media, porque al fin, esa única persona estaría robando media hora a un grupo de, pongámosle, 6 personas, que al fin son 3 horas de robo… Si hubiera que pagar multa por minuto, verías cómo aprendían!

Los profesores irresponsables e irrespetuosos entrarían en el mismo grupo que los clientes y proveedores (que también los hay y esto sí que es de idiotas; vamos, ¡para volver a contar con ellos!) que se comprometen un día y a una hora para una reunión y luego no sólo no aparecen, sino que además ni avisan ni llegan a dar nunca una explicación de su ausencia o su retraso. En el caso de los profesores es muy grave, lo primero porque siempre deberían dar ejemplo de saber estar y lo segundo porque suelen ser muchas las personas cuyos tiempos dependen de su puntualidad… si se ausenta un profesor que da la única clase de la mañana a 15 alumnos que se desplazan desde las afueras, estaría haciendo perder no sólo esas 15 horas a esos 15 alumnos, sino también el tiempo y el dinero invertidos en desplazarse. ¡Toma nota!

La Seguridad Social… ¿quién ha marcado un margen de 10 minutos por visita? ¡Si eso es sólo lo que me tiene mi médico esperando para leerse mi nombre! Vamos a ver, primero tardan meses, cuando no años, en darte una cita y luego llegas y pretenden despacharte a mil por hora con la excusa de que tienen mucha cola! Ostras, pues proteste usted a quien le mete tantas citas en tan poco tiempo, que yo pago mis impuestos para tener una atención con una calidad mínima, que debe incluir un pequeño tiempo de conversación para que usted pueda saber qué es lo que me pasa! [Desde 2014 escribo: El peligro es que en solo 3 años, tantos recortes nacionales ya casi me hacen ver este párrafo como si fuera una osadía exigir una sanidad de calidad… ¡y sigo pagando mis impuestos! Realmente su estrategia de colárnosla poco a poco funciona PORQUE PERMITIMOS QUE FUNCIONE].

Los señores que regulan internet, que cuando se cuelga siempre lo hace cuando estabas al final de un proceso imprescindible que te había llevado media hora completar y, para cuando recuperas la conexión, debes volver a empezar y, claro, ya nunca te queda igual de bien que la primera vez… ¡INDEMNIZACIÓN! Imagínate, el tiempo dedicado la primera vez, más el de la segunda, más la pérdida de calidad, más el cabreo… si estabas colgando los datos en una web de empleo, es posible que hayas perdido tus próximos 25 empleos por culpa de los designios de los “Señores de la Red”.Una vez más, los programadores de la tele, que anuncian una “borralla” cualquiera para un día a una hora y resulta que llega el día D a la hora H y tú, que has cambiado medio plan para ver la “borralla” anunciada, te encuentras con que los de la tele han decidido contraprogramar porque Tele5 emitía no sé qué berza y  en vez de tu “borralla” favorita, resulta que ponen “Donde Está mi Canción”, con lo que te quedas con un palmo de narices, compuesta y sin medio plan ni la “borralla”, pero como tenías plan de tele, a veces hasta regalas tu tiempo así, a la ligera, y te quedas zapeando entre más de 40 canales que no emiten ni un mísero contenido que valga la pena.

Los programadores de los ascensores de algunos edificios: conozco algunos casos de ascensores TAN ecológicos que se vuelven locos y hacen viajes vacíos, te hacen esperar mil horas, se tiran MINUTOS para conseguir cerrar las puertas y reacccionar… ¡Verdaderas torturas chinas! ¡Pruebas de paciencia zen! En los edificios donde los han instalado, antes había un sistema de ascensores infalible. De los de toda la vida: pulsas un botón, el ascensor viene, indicas el piso y te lleva. Ahora le das al botón, esperas a que el maquinón se lo piense, reaccione, recoja a 50 vecinos en 8 pisos diferentes, se para en algún piso donde no puede recoger a nadie porque es un miniascensor (más mini desde que le han instalado las nuevas puertas de “seguridad”, que resultan ser asesinas porque no tienen sensor de seres humanos y te atropellan por donde te pillen) y ya transporta a 4 personas… Y si quieres coger precisamente uno de los dos porque llegan hasta pisos diferentes, ¡NI TE CUENTO! La gran odisea. ¡Envejeces mientras esperas! Se han dado casos de personas que llegaban de la peluquería con las mechas recién hechas y han tenido que volver tras la espera del ascensor elegido. Que digo yo, ¿por qué intentan hacer pensar a los ascensores? ¡Con lo bien que nos organizábamos los humanos con todo esto! O los hacen verdaderamente inteligentes o, para ponerles un cerebro que no desarrolla ni el mínimo, mejor dejarnos a nosotros el control. Por supuesto, de ecológicos tienen poco: ¡tardan tanto en llegar que el 90% de los viajes los hacen vacíos! Y esto sin contar la posibilidad de juegos varios que dan estos ascensores, que no los viejos, a los niños (y no tan niños) más “graciosos” de cada vecindario: que si pulso todos los botones, que si lo llamo para que el vecino pierda el tiempo… en fin, pérdida de tiempo y de dinero (el invertido y el consumido en viajes vacíos.

¿Más ejemplos? Los dependientes lentos… en la uni, los llamábamos “peña sin sangre” y es que son así… parece que lleven horchata en las venas. Acción no es una palabra que exista en su vocabulario… teníamos a un copistero así, algún camarero, un conductor de bus (“busero”, claro) al que irónicamente llamábamos “Flash”… son personas que nos han robado muchas horas de nuestra juventud, que ya valían más que las de la niñez, ¡que a esa edad ni valorábamos el tiempo! Sólo queríamos que pasara para hacernos mayores… creo recordar…Y, por supuesto, lo que todos ellos han conseguido es que yo me tirara un buen rato aquí, redactando esta entrada, y que tú lo invirtieras en leerla… Sí, yo lo veo como un tiempo bien invertido: espero que a partir de ahora al menos te pares a decidir en qué inviertes o derrochas tu tiempo y aprendas a ser asertivo con los ladrones de segundos.

¡Por favor, ábreme los ojos con nuevos ejemplos de robos de tiempo!

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