El Vampiro

Funcionamos por modas y la saga Crepúsculo ya ha vivido su momento álgido… sólo le falta entrar en decadencia y veremos a qué corriente oscura cede paso. Sin embargo, el beta vampiro nunca pasará de moda. Seguirá existiendo siempre, por desgracia. Beta vampiro únicamente busca reforzar su ego, por eso es el más peligroso de todos los beta cazador. Disparará a “todo lo que se mueva”. Si por él es, no quedará una sola mujer sin ladear la cabeza en cada local donde él se encuentre. Tiene que ser el centro de atención y además despertar la admiración de todos y todas. Sí, también tratará de hacer que se ladee alguna cabeza del mismo sexo: ¿porque a él también le gustan los chicos? NO. Simplemente porque necesita gustar para no hundirse. De hecho, aunque guste a todos y todas, se hundirá igual… porque no eres lo que busca, porque “sólo gustarte” no es lo que realmente a él le haría sentirse bien, pero al fin es a lo único que se atreve, por miedo a una mínima muestra de rechazo. Por eso es el ejemplar más peligroso.

Como el vampiro que es, con tal de obtener su dosis de “sangre” (en este caso, de interés), te hará ladear la cabeza, hará que le expongas tu cuello, aunque esto te lleve a ti a la ruina sentimental, y lo hará sin ningún cargo de conciencia. Es más, tendrá un nuevo motivo de celebración, aunque le durará muy poco: durará hasta que aparezca una nueva persona susceptible de ladear la cabeza. O bien durará hasta que se dé cuenta de que “sólo gustarte” no le satisface.

Que no te engañe, siempre llevará encima una piel de cordero: El vampiro siempre mostrará algo similar a una educación exquisita y parecerá muy respetuoso contigo.

El vampiro es tan inseguro que no suele proponerse alcanzar grandes metas: se va con la persona que lo conquista a él. Él se limitará a hacer que todas las cabezas se ladeen. Su objetivo parece importante, pero sólo lo es en cantidad, no en calidad: jamás se pondrá como objetivo marcharse con nadie. La más mínima posibilidad de error le hace estremecerse. Siempre jugará sobre seguro. Se auto engaña. Se hace trampas a sí mismo. Por eso nunca se siente realmente bien consigo mismo, no celebra victorias completas. Y por la “sangre” que roba a sus víctimas nunca le parece suficiente: porque realmente no es eso lo que necesita. Sólo se niega a ver lo que realmente necesita por miedo a no poder obtenerlo.

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