Cruzaría un desierto por ti… o bajaría en pincel

Cruzaría un desierto por ti, pero no me pidas explicaciones, porque no me atrevo a dártelas, que me da miedo hacerte daño. Cruzaría un desierto por ti, pero no derrames una sola lágrima, que no sé cómo consolarte. Cruzaría un desierto por ti, pero ahora que me dices que estás hundida, que te estás sintiendo mal, doy media vuelta y me voy, que empieza el partido…

Mataría monstruos, cruzaría un desierto, bajaría la luna al suelo, bajaría en pincel (que diría Alejandro Sanz)da igual lo que prometa: suelen ser cosas absolutamente inservibles… todo eso por ti. Eso sí, no le pidas que deje cerrada la puerta de la cocina, para evitar que el piso se convierta en Auschwitz, porque resulta demasiado complicado; no le pidas que te acompañe a comprar el regalo para la boda que tenéis el mes que viene, porque “él no entiende de eso y además confía en tu criterio”… ¡Tía, es que eso ya es mucho pedir!

Y a mí que me hace feliz la idea de llegar a casa y que el piso huela a eso: a mi casa… Me hace feliz decidir entre los dos si pillamos la cristalería del regalo de boda en verde o en azul… Me hace mucho más feliz que la idea de imaginarme a ese hombre al que supuestamente amo, arrastrándose por las arenas humeantes del Sahara… Mucho más feliz que imaginar todo un satélite en el patio de mi casa (ya me sobran cosas en casa, ¡como para buscarle sitio a una luna entera!), más feliz incluso que imaginarme al pobre enamorado matando monstruos, que ni siquiera sé si existen ni cómo son… y que, en cualquier caso, ¡aún no se han metido conmigo!

Son seres ciertamente extraños. ¡ELLOS, no los pobres monstruos! Son capaces de prometer el reto más peregrino para demostrar amor, pero incapaces de demostrarlo con los gestos más sencillos y cercanos: un abrazo, una caricia en el momento más necesario, un “deja que esto hoy lo hago yo, que tú has llegado muy cansada”, un “estoy aquí para lo que necesites” cuando tu vida da un vuelco de repente ante una mala noticia…

No te dejes engañar: si te quiere, que prometa cosas prácticas, realidades sencillas, palpables… o incluso mejor, que no prometa y que cumpla… que cumpla muchísimas promesas que te encantaría que hiciera pero que nunca llega a formular porque te las regala directamente.

Sólo hay dos opciones posibles en un hombre verdadero: que prometa y cumpla, o bien que sólo cumpla… ¡pero con creces!

Feliz Hombre Verdadero.

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2 comentarios en “Cruzaría un desierto por ti… o bajaría en pincel

  1. Hola , tu post es extraordinario …
    Me encanta tu modo de escribir sobre este tema tan complejo y me siento identificada en el con mi situación actual ..
    Mil gracias por compartirlo ..,.

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