Finales Felices

Lo de los “finales felices” es muy relativo. El final verdadero siempre será triste, porque es cuando el prota se muere. El único final definitivo de cada uno es ése. Lo demás son finales provisionales. Como ocurre en este blog, se termina una aventura, pero siempre puede empezar otra, de la índole que sea.

De entrada, hemos dejado de creer en ese final de cuento que eliminaba cualquier duda de un plumazo con un “y fueron felices para siempre”. ¡Sí, hombre! Claro que han podido vivir juntos el resto de sus días en amor y compañía… pero en unos casos habrán sido realmente felices de estar juntos, pero habrán tenido mil problemas ajenos a sí mismos (trabajo, salud…); en otros, sólo felices a ratos; en otros, habrán sido “conformes para siempre”… en fin, dentro de lo que desde fuera puede parecer un “felices para siempre” englobamos muchas situaciones diferentes.

Aclaro esto porque muchas veces se nos hace ver a las personas solteras que no podremos ser igual de FELICES y en buena parte de los casos podemos serlo mucho más que las personas que viven en pareja. Ninguna de las dos opciones es mejor que la otra; ninguna de las dos es definitivamente “la buena”. Lo único que está claro es que hay que pararse a analizarse a uno mismo, para saber si estamos bien o si eso que habíamos establecido inicialmente como “felicidad” ha perdido parte de sus propiedades.

A veces las situaciones (sea una relación o bien la vida independiente, da igual) se inician como una lata de Coca-Cola (ponte cerveza, refresco de naranja o limón, gin-tonic… lo que más te apetezca) recién abierta cuando sale helada de la nevera: resulta burbujeante, llena de chispa, fresquita… ¡es deliciosa como un final feliz! Pero si la dejas mucho tiempo parada encima de la mesa empieza a quedarse sin burbujas, se recalienta y pierde sus propiedades hasta el punto de resultar repulsiva, además de irrecuperable. Bébetela a gusto, disfrutando cada trago… no la dejes para más tarde… CARPE DIEM.

Por otra parte, el final de la historia que contamos dependerá siempre del punto de la historia donde lo coloques. Los finales felices tradicionales, los del cine del siglo XX solían ser un “sí, quiero” o cualquier pista que indicaba que los protas acabarían juntos para siempre. En cine, ahí llega fundido a negro y los créditos con la música inolvidable…

Afortunadamente, el cine ha evolucionado y ya se nos regalan finales de todo tipo (aún no en las comedias románticas, pero a puntito estamos): abiertos, dudosos, tristes…

Ya que vivimos en el siglo XXI, ¿qué pasa si ponemos ese supuesto final en el principio de la peli? “Primos”, sin ir más lejos, empieza en el momento de la boda, cuando él ha sido plantado y está viviendo sin duda su peor momento. Si nos hubieran colocado el fundido a negro en el momento en que él hincó rodilla, le pidió matrimonio a la chica y ella dijo “¡Sí quiero!”seguro que habríamos dicho que esa historia tiene un “final feliz”. Sin embargo, lo que ocurrió fue claramente opuesto a lo esperado. La relación se terminó y el prota pasó a ser más feliz que si se hubiera casado, sí, pero para eso tuvo que superar un proceso de cambio de esquemas.

Porque siempre es así: ni los finales felices son tan felices, ni los finales terribles son tan terribles, porque al final solemos descubrir que las cosas malas nos pasan por algo y que detrás de todo ese sufrimiento inicial nos espera algo mucho mejor. Así que lo ideal es limitar el sufrimiento a lo imprescindible y confiar en que nos espera una situación mejor, después de haber superado la etapa de crisis, de cambio de esquemas. Por eso, cuanto más abiertos estemos al cambio, cuanto menos nos empecinemos en tratar de reconducir nuestro camino por donde limitadamente creemos que debe ir, antes llegaremos a esa situación mejor.

Y si además de cine hablamos de música, como referencia musical, me quedo con Zahara, cuando dice: “No quiero un final feliz, sólo quiero serlo”. Qué lista, Zahara: ¿Por qué conformarte con un final feliz, un evento, una fiesta, un día especial por su felicidad, pudiendo aspirar a serlo cada día? En eso consiste VIVIR… Además esta canción es muy especial por su final (algún día hablaremos de esto con mucha calma): “flotar y brillar; irradiar, alumbrar”. Cada uno brillamos con luz propia y es importantísimo no permitir que nada ni nadie la vuelva opaca.

Bien. Así es la vida. De repente llega tu chico, te declara su amor por ti y te vas como loca a contárselo a tus amigas. “Qué bien, ya te lo merecías. Eres maravillosa y te tocaba ser feliz al lado de alguien que te quiere, como ÉL”. Estáis celebrando vuestro final feliz. Eso es fantástico. Disfrutadlo, que ya sabéis que en algún momento ese final dejará de ser final y se convertirá en continuidad, en rutina, en hijos peñazo, en infidelidad o en cualquier otra cosa que te impida ser tan feliz como lo estás siendo ahora mismo. Incluso aunque trabajes en combatir la rutina estás en peligro de perder tu equilibrio.

No, no pretendo ser pájaro de mal agüero: es lo normal. Como decíamos, ese “bajón” tampoco va a ser eterno. La vida fluctúa: no se puede estar siempre arriba, de la misma manera que sabes que no siempre vas a estar abajo. Los problemas pueden llegar en forma de tonterías del día a día en la mayor parte de los casos… pero resulta curioso cómo se idealiza la convivencia en el momento que decides compartir tu vida con la persona a la que quieres, ésa que te ha dejado ciega de amor… y esto, que nos hace bastante gracia cuando lo vemos desde fuera, es lo que veremos en algún post que está por llegar…

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