La Leprosa

Has disfrutado de la compañía y buenos ratos de tu toyboy. Estás satisfecha de cómo va todo. El equilibrio es perfecto: pasáis buenos ratos y ninguno de los dos se cuelga… pero de repente empiezas a sentir que te rehúye, tienes la sensación de oler mal o estar equivocándote todo el tiempo, porque él te esquiva… ¡Te trata como si tuvieras pura LEPRA!

De pronto, te ves analizando cada conversación, cada gesto, cada situación… para localizar el error, ese fallo imperdonable que, sin duda, has debido cometer, para que te esquive de semejante manera.

Buscas hasta la saciedad… pero no encuentras nada. Y no lo vas a encontrar, porque no lo hay.

No has hecho absolutamente NADA. No ha pasado NADA digno de mención, NADA que le haya llevado a decidir alejarse de ti.

Da igual lo que le haya pasado. Lo que te preocupa eres TÚ y lo que a ti te cabrea es que lo que quiera que haya pasado entraba en tus planes, lo entiendes, no tienes nada que decir al respecto, todo te parece tan normal… así que, ¿quenecesidá tiene este chico de huir como si fueras a pasarle una enfermedad hipercontagiosa? No lo has acosado, te has mantenido al margen de su vida, no has sido indiscreta… todo ha venido transcurriendo desde la más absoluta normalidad… ¿por qué iba a ser diferente el momento de zanjar la relación? Da igual: Él ha decidido que es mejor prevenir y que, antes de exponerse a la más lejana posibilidad de un acoso-y-derribo, o de tener que verte llorar (para ellos es el sumum verte llorar… según ellos, podrían defenderse de una banda de mutantes en pleno Bronx, ¡pero si te ven llorar no saben por dónde salir!), es mucho mejor esconderse que dar la cara.

¡Qué pena! ¡Con lo felices que son los finales de toyboys que terminan siendo amig@s! Al fin, ¿qué amistad es más pura entre sexos opuestos que ésa que ha empezado con sexo? La tensión sexual ya ha sido resuelta… ahora ya sólo queda la amistad pura sobre la mesa… Sin “peligros”.

En cualquier caso, nos hemos centrado en los toys, pero tenemos leprosas de todo tipo… empiezas una relación y, dos meses más tarde, notas que empieza a rehuírte hasta que desaparecen por completo, ¡como las cucarachas del anuncio de Cucal Aerosol! Incluso hay relaciones de años que ellos pretenden terminar así, rehuyendo, sin dar explicaciones, sino más bien dando unos buenos cortes, creando malestar en la pareja, para que acabes siendo tú quien haga el trabajo sucio de pronunciar esas palabras tan terribles que empiezan con algo parecido a: “Cariño, tenemos que hablar”.

Todos ellos lo reconocen… escasean los hombres verdaderos capaces de terminar con una relación como se debe hacer… el resto son perfectos incapaces… o más bien perfectos cobardes. Pueden estar a 20 metros de altura sobre un río de una profundidad sospechosamente indefinida, que al grito de “¡No hay huevos!” se lanzaría cualquiera de ellos a lo desconocido, como si no hubiera un mañana… que de hecho, para alguno, habrá dejado de haberlo gracias al infalible “¡No hay huevos!”… Amigo, a ti, te sobraron unos cuantos. Eso sí, sentarse con su pareja diez minutos para comentarle que necesita dejar de verla les parece el fin del mundo.

Estoy segura de que, cuando Cristóbal Colón se lanzó a buscar Las Indias por el lado donde decían que estaba el fin del mundo, realmente estaba huyendo de su esposa y contentando a algún coleguita que le soltó el famoso “¡No hay huevos!”. ¡Pobre Felipa! Llevaba unos meses notándolo como “raro” cuando él llegó un día y le dijo: “¡Cariño, yo te quiero hasta el infinito y más allá, pero me voy a buscar Las Indias por el lado donde se dice que no hay más mundo!”. Ella calló, claro, porque no era nada tonta y entendió todo lo que escondían sus palabras, y él partió con la esperanza de pasar a la historia como el hombre que salió a buscar las Indias por el lado del fin del mundo, ¡todo un valiente!… Qué mala pata: cuando oyó a otro valiente, Rodrigo de Triana (otro escapao), gritar desde la Pinta: “¡Tierra a la vista!” creyó que se trataba de una broma. Al fin, allá se marcharon 3 carabelas llenitas de hombres que huían de sus vidas en el viejo continente… Está claro que las cosas no son lo que eran: ahora con unos autocares y unos kilómetros de distancia se van conformando, para esto de las “despedidas”.

En fin, que si te han hecho la de Felipa, no te sientas leprosa. Sólo ten en cuenta que a tu macho beta, a pesar de que le sobraban huevos, parece que le faltaba mucho valor.

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