LA CITA

Lo primero que se te pasa por la cabeza es que no preguntaste qué tipo de cena sería, así que ahora no sabes si ir súper elegante o tirar de vaqueros y camiseta. Esto es fatal, porque las opciones de look se reducen a los que llevan la etiqueta de “informal a la par que elegante”. Lo sé… tienes recursos para todo. Pero si supieras que es elegante, llevarías ese vestido de impresión o, si por ejemplo sabes que vendrá a recogerte en moto (porque vendrá a recogerte, ¿no? Empiezas a darte cuenta de que has dejado muchos cabos sueltos…), no te plancharías el pelo… total, para que se convierta en gurruño en cuanto te pongas el casco…

En cualquier caso, empiezas a intuir que habrá más cenas en las que poder mostrar todos tus encantos, así que no pasa nada. Lo más importante es que vayas segura de ti misma. Así que empiezas con tu Ritual L’Oreal. Sí, nena, mírate al espejo y piropéate… ¡eres la tía más buena a este lado del continente! No estás con Brad Pitt porque nunca te ha visto, que si no caería rendido a tus pies… igual que caerá ÉL esta noche, superado por todos tus encantos, embriagado por tu olor, conquistado por tu sonrisa.

Pon música, sube el volumen, salta, canta, baila. Sírvete una copa, si te apetece. Salta más. Mírate en el espejo en ropa interior… ¡qué buena estás! No sabes cómo los tíos se aguantan por la calle sin saltarte encima. Eres lo más, la que más. Tú lo vales. Te quieres.

21h. en punto. Suena el móvil. ¡Es ÉL! Pasará a recogerte sobre las 22h. No ha querido decirte a dónde iréis. Es sorpresa… Hmmm… esta cita promete. Este chico promete.

Mantienes tu plan de look “informal a la par que elegante”. Te ves monísima en el espejo. Te guiñas un ojo. Te piropeas a conciencia. Te lanzas un beso por el aire. Te quieres más que antes, pero menos que más tarde.

A las 22h. estás lista y él es puntual. Bajas. No te van esos rollos de hacerse la interesante… no te gustan las personas impuntuales y a ti tampoco te gusta hacer esperar y perder un trozo de vida precioso para empezar una romántica velada a la hora en punto. Estás radiante y él no se corta en hacértelo saber:

–          ¡Guau! En la cena me pareciste guapísima, pero hoy estás espectacular.

Dentro de ti: ¡Qué moooono! ¡Sí, tío… así llegarás lejos conmigo!

En el mismo momento, fuera de ti:

–          ¡Ja! Lo sé, baby – afirmas divertida, mientras guiñas un ojo, con el mismo gesto que te hiciste a ti misma en el espejo.

Te felicitas mentalmente por haberte guardado el vestido espectacular para una ocasión futura. Es tu as guardado en la manga.

–          Hmmm… no hay falsa modestia. ¡Me gusta! – valora.

–          Gracias. Tú también estás espectacular. Me encanta tu camisa. Muy buen gusto, sí señor.

Te lleva a un restaurante encima de la playa… tenéis reserva en primera línea de terraza. Ambiente de antorchas y salitre. La brisa es cálida y suave, igual que la conversación. Esperabas que llegara ácido, como a la defensiva, por eso te sobraste con el comentario de la llegada, tu “lo sé, baby”. Pero ha venido en son de paz… La cena está siendo muy agradable. Los dos estáis relajados, os dejáis llevar por el vino, brindáis por cada carcajada arrancada y creáis un “marcador de risas” para saber quién debe cena a quién. Termináis en tablas y decidís que hace falta algo más fuerte para decantar ese marcador. Por eso, al terminar de cenar os fugáis a un karaoke.

Os vais al más apartado de la ciudad, para evitar encontraros a gente del trabajo, clientes o cualquier otro indeseable que no dejaría fluir vuestra falta de sentido del ridículo.

Cuando salís del karaoke, tronchados de la risa, necesitas apoyarte en una pared para no terminar tirada por el suelo. Logras calmarte un poco, aunque se te sigue escapando alguna carcajada… notas cómo te mira. Lo sabes. Sabes que está a punto de pasar y de golpe, se van todas las ganas de reír compulsivamente. Te ha capturado. Se acerca poco a poco. Tu cara entre sus manos. Os besáis. Delicioso.

¿Qué ocurre después de este beso de final de película?

Parece que la cosa fluye…

Os habéis encantado, pero… Después de la CITA, hay otra cita… y otra… Hasta que todo se acaba.

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