Él no quiere un “compromiso” y tú te retiras sin prisa pero sin pausa

Enhorabuena. Has decidido hacer lo mejor para tu bienestar: tu dignidad permanece intacta, al igual que tus ganas de creer en el amor…

Si lo has hecho desde la convicción, porque tú tampoco querías una relación y empezabas a ver detalles que no te gustaban, mejor que mejor… si no, enhorabuena por la claridad con que has visto la situación y la fuerza con que has reaccionado.

La conversación podría haber sido algo parecido a esto:

ÉL: Cariño, últimamente estamos quedando con bastante frecuencia…

No te dejes engañar por la muletilla: “cariño” es una de esas palabras que puede llegar a utilizar para no liarse con los nombres… algunos buscan que todas sus “amigas especiales” tengan el mismo nombre y así no meten la pata, pero resulta complicado. Es muchísimo más fácil llamar a todas con un diminutivo, del estilo de “pequeña” o “miniña”, en el caso de que quieran ser algo originales… “Cariño” es la muletilla más clásica para evitar un lío de nombres.

 TÚ: Precisamente iba a sacarte yo ese tema… estoy totalmente de acuerdo… empiezo a agobiarme… a ratos parecemos una pareja y esto no me gusta nada.

Ésta es una posible respuesta perfecta. Puede haber miles de ellas, pero ésta me encanta. Se anticipa y deja claro que comprendes la situación.

A ver, que a lo mejor te mueres de ganas por tener una relación con ese tío… Por supuesto que puedes dejárselo claro diciéndole: “Pues yo quiero una relación estable”. Pero, seamos sinceras: ¿esto nos conduciría a alguna situación diferente? La respuesta es: NO… y además habrás mostrado todas tus cartas y ni siquiera lo dejará con la duda… ¡con lo bien que sienta dejarlos replanteándose si no eras tú la maravilla mundial que estaban esperando… y te dejaron escapar!

Tampoco tienes por qué ser tan rápida en tu reacción, que una respuesta así ya es de muy profesional en estas lides… Si no reaccionas exactamente cuando él saca el tema, ya lo sacarás tú en otro momento, cuando y como te convenga. Pero mejor pronto que tarde.

Por supuesto, tú harás lo que consideres oportuno… yo sólo dejo claro que, si él plantea relajar la frecuencia de citas o dar un paso atrás en el ritmo que llevan, el final puede estar más cerca o más lejos, pero ESTÁ… y a algunas nos gusta más decidir por nosotras mismas cuándo debe llegar y de qué manera, porque ellos tienden a ser bastante macabros con estas cosas.

Sí, macabros: esperan al mismísimo día que te echan del trabajo para decírtelo, o cuando “el Predictor se pinta de rosa en tu cuarto de baño” (que cantaba Sergio Dalma), también pueden esperar a que la nueva que han escogido como sustituta y que hasta ahora parecía pasar de todo, por fin se muestre abierta a un compromiso (sí, con ella sí lo querrá, al menos en principio, porque recordemos que ella se mostró inalcanzable, luego él debe demostrarse a sí mismo que la puede “cazar”, la quiera o no para que forme parte de su vida… eso ya lo decidirá más tarde). Ésta última opción suele ser muy habitual… es el conocido “hombre-mono” o el “hombre-Tarzán”… vamos, que va de liana en liana, de manera que aún no ha soltado la primera cuando ya debe estar sujetando firmemente la siguiente… puede pareceros que son unos auténticos cracks… A mí me dan muchísima pena estos personajes, por dos motivos: por un lado, nunca disfrutan de esa libertad que aparentemente ansían… por otro, nunca llegan a disfrutar de verdad de ninguna de estas relaciones. Me da la sensación de que se prohíben sentir nada por nadie, no se implican, no VIVEN lo bonito del amor, se auto-limitan. Aún no han conseguido la primera y ya tienen la vista centrada en el siguiente objetivo… ¡no me digas que no es un estrés! Si, por casualidad, se paran algo más en alguna de esas relaciones, estarán desesperados porque no logran encontrar otra “liana” valiosa hacia la cual seguir volando… Porque sí, se han habituado a ese ritmo que parece garantizarles una extraña independencia y ya sólo pueden vivir así.

Ojo, que no hablo de los tíos que no quieren nada con nadie y se lían cada noche con una diferente. Ése es otro perfil totalmente distinto: con ellos sabes a qué juegas. Hablamos de los que te hacen creer que tienes cierta exclusividad en su cama y lo único que tienes es un contrato de “tarifa plana” para ellos, hasta que encuentren a otra.

Sí, también existen mujeres así… insisto en que cada una de las entradas de este blog pueden cambiarse de género perfectamente (el “él” por un “ella” y al revés).

El caso es que lo más recomendable es correr en la dirección contraria, en cuanto tu “caballerito” muestre indicios de considerar que “nos estamos viendo demasiado”.

El único riesgo que corres en este caso es el de marcharte con tanta clase que el sujeto se vea afectado por el Efecto Inalcanzable. Vamos, que empiece a verte como una diosa a la que han perdido por patanes… que es la verdad, por supuesto. Y además ya es demasiado tarde para recuperarte… efectivamente, te has convertido en su diosas inalcanzable.

Tú tranquila, ¡que siempre puedes volver a empezar una nueva aventura!

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