Después de haberos conocido, podéis congeniar

Después de haberos conocido,  podéis congeniar… En este supuesto, conozco UN caso en los últimos 10 años… Se conocieron por casualidad; ella acababa de llegar a cenar de terracita (era verano) con nosotras, sus amigas; él pasaba por allí con sus padres… conocía a mi otra amiga, se saludaron, charlaron y él decidió quedarse “porque tu amiga es muy guapa”. Empezaron a hablar y lo demás fue pura fluidez… y van ya unos cuantos meses de sanísima relación envidiable, de ésas en las que piensas cuando parece que nada a tu alrededor funciona… Siempre hay que conocer una pareja así, para ponerla como ejemplo a las amigas desconsoladas… yo hace tiempo que tengo claro que el amor puede ser maravilloso, pero también una tortura china y que, por ahora, estoy muy bien sola. Pero otras personas no son capaces de verlo tan claro, sobre todo cuando sus parejas acaban de marcharse con otra, después de 12 años de relación co-dependiente. Para estas personas, es genial tener la referencia de LA PAREJA. “Mujer, mira a Rigoberto y Maripuri!” Y aquí lo ideal es tener un historial de dificultades que el tal Rigoberto y la tal Maripuri hayan superado, contra viento y marea, para que cualquier cosa imposible, pueda llegar a parecer posible… Hay días en que es importante ir colando la verdad con tamiz y en pequeñas dosis… Soy enemiga de la mentira… tanto como de la verdad hiriente. Y ya que he llegado hasta aquí, formularé uno de mis Principios de Vida… no tengo muchos, ya que se trata de verdades irrefutables que la experiencia me ha ido enseñando y que hasta hoy, no han fallado NUNCA. El Principio de Vida de hoy dice: No te fíes JAMÁS de esas personas que emplean como escudo la frase “Yo es que soy MUY sincerX”. Suelen remarcar el “MUY”. Estas personas demuestran a la perfección que el refranero no falla cuando reza: “Dime de qué presumes y te diré de qué careces”… Efectivamente, ni siquiera son personas sinceras, sino que se limitan a decir medias verdades en el momento que más daño pueden hacerte.

En fin, volvamos a nuestra aventura: os habéis conocido y habéis congeniado. Sois nuestro ejemplo a mencionar cuando alguien está de bajón. Sois felices y coméis perdices… hasta que uno de los dos se harta o bien hasta que se agotan las perdices. Pero ésa sería otra aventura. Por ahora, os dejo comiendo perdices…

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